A final de año, justo cuando termina, gusto de escribir esta carta que nunca llega donde debiera.
Pero hay tantas cosas que no lo hacen que tampoco me sorprende.
Me gusta resumir lo que fué, y lo que espero que sea.
Así, no fué lo que esperaba, pues siempre espero más de lo que es.
Y espero que sea, al menos, habitable.
Ya no me preocupa si con ruedas o sin ellas, con motor o sin él, brillante o apagado.
Empiezo a envejecer.
¡Haced algo, por todos los dioses!
PD: La paja y el agua donde siempre.
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